Sembrar Valores
     
 
60 - Febrero - Marzo 2014Entrevistas
Karina Olmedo
“Todo me sorprende
La elección de una vocación como la danza puede generar escozor en la familia. Conversar con alguien tan sencillo y normal como Karina Olmedo -primera bailarina del Colón- despeja dudas y nos recuerda que nada está escrito.
“Me pongan en el papel que me pongan, intento sacar lo mejor de mí. Lo que me gusta es bailar y quiero hacerlo bien". Con esta convicción se expresa Karina Olmedo.
"En esta profesión estamos permanentemente expuestos a frustraciones. Aún hoy -siendo la primera bailarina del Colón- para cada obra llegan los coreógrafos, los directores y te pueden elegir o no. Sin embargo, nunca dudé de que mi vocación es la danza.”
  SV| ¿Cómo descubriste tu vocación por la danza?
KO| Lo mío fue un caso completamente atípico. En mi casa nadie tenía relación con el ballet. Mi hermana mayor hacía vóley en el Club Independiente. Mi mamá la llevaba y yo la acompañaba. Tenía cinco añitos y mientras la esperaba me aburría. Veía que en el salón de enfrente una maestra muy joven, bella y de gran magnetismo enseñaba todo tipo de danza. Mamá me presentó. La profe dijo que yo era muy chiquita, pero agregó: 'si sigue la clase y se adapta no tengo problema en que se quede'. Empecé a bailar ahí, recuerdo el salón, el piso, el escenario y lo que todo eso me provocaba.
Creo que en mi familia nos movíamos con la buena ignorancia. Ninguno sabía nada de este mundo, de lo que sería mi vida. En cambio, ahora mi hija Camila sabe mucho, tiene condiciones y conocimiento. Se corre un paso al costado y hace comedia musical. Ella sabe si tiene buen pie, buen empeine, conoce el ritmo de vida y cómo trabajan los directores.
  El precio de una carrera
  SV| En estas andadas, te quedaron colgadas algunas materias del colegio. Si Camila no terminara el secundario, ¿te importaría?
KO| Y... son otros tiempos. Yo a los 16 tenía mi trabajo, un sueldo, una estabilidad laboral, ya estaba en el ballet estable del Colón. Yo estaba armada. Hoy querría para ella que termine una carrera y que estudie inglés para poder defenderse en la vida como bailarina o como sea.
  SV| Siempre se oye hablar de las presiones que se viven en este arte.
A medida que avanza la carrera te empieza a gustar más la historia, uno va madurando también emocionalmente.
KO| Cuando entrás en una compañía dependés como un jugador de fútbol de un director técnico. Si no sos de su agrado, simpatía o gusto, no cubrís los primeros roles; en todo caso, vas a estar en el ballet. Hay que trabajar, porque el no ser aceptado puede llenar la vida de frustraciones. Uno no tiene nunca su lugar asegurado. Por ser la primera bailarina, tengo un respeto, pero voy a pasar -cada vez por un filtro. Los años te hacen comprender que no les vas a gustar a todos. Si el coreógrafo no te elige, no estás en la obra. A algunos les gustan altas rubias y ya sabés que tu naturaleza no va por ese lado.
  SV| ¿Con qué compararías la carrera de un bailarín?
KO| Con la de un jugador de fútbol. Tenés que cuidarte: si no le cae bien a alguien una palabra que dijiste o hay una opinión que no gusta, desaparecés.
Tuve un director que me llamó a su camarín y me dijo: ‘Vos en mi dirección no vas a bailar, yo tengo preferencia por otras chicas y no hay lugar para vos. Así que te aconsejo que te busques un buen psicólogo porque el nombramiento que tenés lo ganaste en otra dirección y yo no voy a respetar esas decisiones’.
EN LA CÚPULA

"El director del teatro oficial Juan de Vera, de Corrientes -a donde fui a bailar muchas veces - es un arquitecto balletómano.
Cuando se hicieron las obras por el centenario del teatro, me pintó en el techo de la cúpula en un salto de Don Quijote hermoso. Me emocioné y le estoy muy agradecida. Él insiste en que es un agradecimiento por tantas veces que fui a bailar allí desinteresadamente".
Pensé: en algún momento vos no vas a estar y yo sí porque este es mi lugar. Durante dos años bailaba cualquiera menos yo. Después, lo vi salir con la cabeza baja. Ahora falleció, no sé desde dónde nos estará mirando.
En ese momento tenía 21 años. Salí a bailar a donde me llamaran por el ‘pancho y la coca’, bailes solidarios, beneficios. Tenía que sobrevivir. No es sólo el dinero, necesitás moverte, necesitás bailar. He bailado hasta en La Colifata, ¿conocés? Es una radio popular… Estaba en una etapa diferente de mi vida. Volqué mucho de mí en ese período; no por eso dejaba de llorar. Cuando estaba en una función y veía que no participaba, me parecía muy injusto.
  SV| ¿Cómo es la relación con las otras bailarinas, tenés amigas?
KO| ¿Amigas?, mmm, no. Compañeras, chicas en las que puedo confiar. Hay chicas que son re amigas entre ellas, que han compartido el cuerpo de baile durante 20 años, pero yo siempre estuve en los primeros lugares, un paso adelante de ellas. Todas querían estar en mi lugar, por eso la relación siempre es rara. Llega un momento en el cual hay que pelear por el lugar. Además, reconozco que no soy amiguera. Es una carrera muy individualista, estás vos ahí remando por un lugar. Nadie te va a decir 'me corro' para que estés vos.
  SV| ¿Estás muy feliz, entonces, con la posición alcanzada?
Mis padres me acompañaron mucho. La carrera de una nena que hace danza es siempre muy demandante.
KO| Estoy muy feliz porque hago lo que me gusta y me encanta bailar, pero nunca tuve esta ambición. A veces leo en algunas notas que mis compañeras dicen estoy muy contenta de haber alcanzado esta posición. Pero realmente no es mi caso.
Siempre bailé con muchas ganas, con toda la fuerza -como si fuera la primera bailarina- como si todo el mundo me estuviera mirando sólo a mí. Como no tenía ambiciones de esto o aquello, todo me sorprendió y eso me evitó grandes frustraciones. Yo no decía 'voy a ser la primera bailarina del Colón'.
Cada cosa que me daban la estudiaba, la tomaba como lo máximo. Sí quiero agradecer a los que apostaron a darme mi lugar.
  SV| Se te ve también una veta docente, ¿cómo la desarrollás?
KO| Soy profesora en los últimos años del instituto del Colón y también he dado clases a chiquitas en forma particular. Todos me dicen que voy a ser directora del instituto o poner algo propio como hacen muchos bailarines. Hay gente que se pone esta meta como premio a una trayectoria. Pero, en esa situación, juegan otro tipo de emociones, la parte dura de elegir, de decirle a alguien: 'vos no'. No tengo ese carácter de enfrentamiento. El director tiene que tener cierto peso y seguridad para decir no a esto y sí a lo otro. Dios dirá. Él va escribiendo mi historia. Yo confío en Él. Lo de maestra también fue muy ‘casual’. Una maravilla de mujer, de persona, de bailarina, me lo ofreció. Ella me dijo: ‘Vos fuiste mi alumna, sabés cómo se hace y cómo se enseña…’ se lo agradezco mucho a Tatiana… nunca pensé: 'voy a ser maestra del instituto'. Mi vida nunca fue muy planeada.
  SV| Contanos cómo se fue dando tu carrera, cuál es o fue tu papel favorito.
KO| Por mi formación, yo tenía una técnica muy rigurosa entonces, los directores pensaban para mí en papeles más espumantes, de esos que, cuando los realizás, sentís burbujitas en la panza. Pero no me veían para un papel romántico. Hasta que llegó Maximiliano Guerra y me dijo: 'Quiero que seas mi Julieta'. En ese momento hice un clic en mi carrera, los maestros vieron un perfil teatral y romántico que no había probado. Por mi preparación técnica, se subestimaba que pudiera hacer este tipo obras: Giselle, la Bella Durmiente, muchas. A medida que avanza la carrera te empieza a gustar más la historia, uno va madurando también emocionalmente. No sé si fue el papel favorito, pero sí valoro muy especialmente ese lugar de Julieta junto a Maximiliano en el Luna Park.
  SV| Lo de Romeo y Julieta suena muy romántico, ¿qué opina de esto tu marido?
PING PONG

- Bailarina favorita: Alessandra
Ferri (baile y actuación), Alina
Cojocaru (rumana, baile).

- Música que escuchás en casa:
de todo, la ponen las chicas.

- Baile clásico: técnica, exigencia.

- Contemporáneo: más completo,
bailás, cantás, actuás.
KO| Eso fue hace mucho tiempo… A Nahuel lo conocí hace siete años. Yo tenía que bailar El Cisne Negro para la inauguración del Coliseo de Lomas de Zamora y ninguno de los bailarines del Colón me podía acompañar. Uno estaba de licencia, otro enfermo, otro esguinzado. Entonces, llamé al Teatro Argentino de La Plata, me tenían que salvar. Nahuel era primer bailarín allí y la directora me dijo: ‘Mirá, hay un chico nuevo, no es de acá, vos fijate si se llevan bien, yo le voy a explicar quién sos vos’. Yo estaba tan preocupada y concentrada en la obra, teníamos poco tiempo para ponernos de acuerdo en la danza, no estaba mirando otra cosa. Además, él es menor que yo, eso no me caía, así que remó, remó, remó. Creo que lo que me convenció fue que Camila lo quería mucho, ella dio el ‘sí, quiero’. Si ella aceptaba, ya estaba aceptado. (En este momento pone notas musicales chan chan). No es fácil; cuando ya tenés una hija, hay que priorizar. Para mí ella pesaba mucho. A los dos años llegó su hermana Antonella. Ya ves, mi vida no fue muy planeada.
  En familia
  SV| Así es, en la vida hay que optar y vos tenés varios frentes, tu carrera que es muy exigente, tu marido, tus hijas, tus padres. ¿Cómo categorizás?
KO| Si pasa algo con mis hijas, no dudo. Un baile más o menos en toda mi carrera ya no me quita el sueño, ni méritos. Las obras más lindas ya las hice bien preparadas y muy contenta. A la vez, pensaba que ya iba a dejar, y ahora, como sigo bailando con Nahuel fuera del teatro, me siento muy activa. Me mantiene muy despierta. Retirarme y bailar afuera y no en el Colón, no sería prolijo.
Respecto de mis padres, te digo que a ellos les debo todo. Mis padres siempre me acompañaron mucho. La carrera de una nena que hace danza es muy demandante.
Mi mamá era ama de casa y podía estar en mis necesidades. Ella estaba muy dedicada a mí. Me llevaba a Barracas, a Burzaco, a todos lados, esperaba... Ahora también acompaña mucho a Camila. Nos vamos organizando. Papá es de los que llega a tu casa y ve un cuadro torcido y, sin decir nada, va, busca el tornillo y lo pone.
Los dos se dan cuenta de lo que necesitás y lo solucionan sin estar publicitándolo.
Mi primera vocación es la de mamá. Soy muy feliz con mis hijas, preparar una rica comida, esperar a mi marido.
LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

¿Qué consejos darías a una persona que está emprendiendo este camino?
• Si una dirección no te da el apoyo que necesitás, no es algo definitivo.
Ellos no son los dueños de tu carrera. Ellos son una circunstancia pero tenés que estar en disposición. Si no, es una bola de nieve, si no estás, no te llaman.
•A veces se subestima la danza afuera de Buenos Aires, y por ejemplo, Mendoza es una sociedad muy balletónema, también Corrientes... Hay que trabajar allí.
•Cuando tenés la danza adentro, te dan ganas de sacarla para afuera.
•Hay que trabajar duro.
CREDITOS: MARÍA AMALIA CABALLERO | DRA. EN COMUNICACIÓN PÚBLICA | Enviar mail a MARÍA AMALIA CABALLERO
Libros y Revistas 
Contacto 
Imprimir
Enviar a un amigo
Cine
CODIGO SOMBRA - no es nada del otro mundo, pero entretiene.